Martes, 26 de febrero de 2008

La actividades terroristas deben ser categóricamente condenadas sin que importe tanto de quien provengan; se trata de buscar soluciones mas que culpables; lo contrario enardece los ánimos y profundiza los odios; las masacres y demás atrocidades cometidas por los paramilitares deben recibir tanto repudio y condenas como los cometidos por las Farc, ninguno de los actos de esos grupos terroristas merece consideración. Por ello la marcha programada para el 6 de marzo debe tener objetivos definidos en contra de la violencia y el terrorismo, a favor de la libertad de los secuestrados que ya cumplen 10 años, y no encasillarla únicamente contra los grupos paramilitares y menos responsabilizar de ellos al Estado, porque entonces se trataría de una retaliación, una contramarcha a la marcha de rechazo a las farc como la están tomado algunos sectores de opinión, que ya dejan ver suspicacias perjudiciales.
Por ejemplo, en las consultas de opinión que hacen por estos días algunos medios de comunicación ya son constantes los temores de que así se trate, y argumentan hechos como el que un frente de las farc, precisamente el que secuestró y asesinó a los once diputados del Valle del Cauca lleve el nombre de Manuel Cepeda Vargas, padre del organizador de la marcha de 6 de marzo Iván Cepeda Castro, y que éste no haya manifestado su rechazo ni su indignación a que el nombre de su padre sea tomado como inspiración para esa clase de abominaciones.
Se preguntan porqué un grupo terrorista, que además del secuestro y asesinato de los políticos del Valle, es autor de actos como los atentados contra varios cajeros electrónicos en Cali en abril de 2004, las voladuras de torres de energía eléctrica en la Curva del Diablo en el Valle a finales del 2005 donde asesinaron a cinco personas, el ataque a la represa de Anchicayá en agosto del 99 donde secuestraron 6 periodistas y 120 trabajadores, el ataque al puesto militar de Cerro Tokio donde asesinaron a 16 militares en marzo del 2000, los nueve atentados del 15 de junio de 2007 en Buenaventura en retaliación por la muerte de su cabecilla, alias JJ, en los que hirieron a 30 personas entre ellas siete niños, la motocicleta bomba en la que asesinaron a cinco personas entre ellas al carretillero y su nieto en agosto de 2006; entre otra larga serie de actos deplorables; toma en un acto de homenaje el nombre de una persona y luego, precisamente cuando ha ocurrido una marcha contra esos actos terroristas, su hijo convoca una marcha contra el otro bando, sin hacer reproche alguno por el uso criminal del nombre de su padre. O sino que lo digan los vallecaucanos para quienes el nombre de Manuel Cepeda no inspira el respeto que debiera por su encomiable labor sindicalista sino pavor por sus familias, bienes y bienestar
Sin embargo no es cuestión de discutir las razones históricas de ese homenaje, sino la extraña actitud del convocante que no muestra la indignación que debiera por el uso del nombre de su padre para asesinar, mutilar, secuestrar y aterrorizar a cientos de colombianos; por supuesto de las farc no puede esperarse remordimiento alguno, pero de nuestro convocante sí, en el entendido que es una persona honorable que merece todo el respeto y consideración.
Por: LUIS A. PEREZ | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
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